Por:
Nayadira Agramonte
Periodista
La Gran
Arena del Cibao vibró nueva vez con luces danzantes, llamaradas que elevaron la
euforia a ritmo de “Fuego, fuego…fuego, fuego” y un público multigeneracional
que llenó cada rincón del emblemático espacio, con el esperado concierto del Reencuentro
de Las Chicas del Can se convirtió en una celebración del merengue, la
nostalgia y la sororidad.
Las
Chicas del Can, agrupación pionera del merengue en ser integrada exclusivamente por mujeres, volvió a subir al escenario
para entregar una puesta en escena que recordó por qué marcó un antes y un
después en la música dominicana. Lo hizo acompañada de tres generaciones musicales, todas reunidas en una misma noche
para honrar un legado que continúa vivo.
El
espectáculo arrancó con la energía de DJ
Mariposa que, con sus alas y audífonos, desde sus platos y su mesa de
mezcla elevó el ánimo del público con un set que mezcló ritmo clásicos y modernos,
y gritos sonoros que rendían homenajeada a las Chicas del Can y la alegría que caracterizó
su música. Las bailarinas con sus movimientos pusieron a bailar a todos al
ritmo de la afamada DJ, dando inicio a una noche donde la estética, el brillo,
la música, la femineidad y la emoción envolvieron a todos.
Cuando
las Chicas del Can hicieron su entrada, la arena estalló en aplausos. Cada uno
de sus éxitos era recibido con gritos, palmas y cuerpos que bailaron a solas y
en pareja. Abuelos, madres, hijos y
nietos cantaban a coro, demostrando que esas canciones no pertenecen
solo a una época, sino a varias generaciones de dominicanas y dominicanos.
Las Espectaculares Chicas del Can, abrieron el show que ganó el Soberano
como Espectáculo del año en el 2025, con su gracia y talento Jameli Martínez, Mabel
Peguero y Luisanna Grullón, lideradas por Tueska, ideóloga de este Reencuentro
conquistaron al público con su energía, dejando el escenario encendido para las
Monumentales chicas del Can, integradas por Florangel Espinal, Michelle Flores
y Grissel Báez.
La noche también tuvo un brillo especial cuando
Jameli Martínez, la poderosa voz francomacorisana, con una
interpretación llena de fuerza, sentimiento y dominio escénico. Jameli desató
el orgullo de su ciudad natal, que vibra cada vez que la escucha gritar su ya
emblemático:
“¡Gózalo, San Francisco!”.
Su presencia llenó la arena de una energía contagiosa, de una artista
auténtica, intensa y dueña de una voz que estremece.
Con la canción “Sin él” Tueska, Adalgisa Pantaleón y Didi Hernández
dentro de la alegría de la noche, homenajearon a Las Chicas del Can que ya no
están, las que partieron al cielo e hicieron recordar a cada una de ellas. Al
espectáculo también se le unió la interprete venezolana Liz, para cantar junto
a Tueska.
Un
momento emotivo fue la presentación de
“Las
Niñas Divinas”, un grupo formado por tres hermanas de
16, 15 y 13 años, quienes
interpretaron con sus voces acompañadas del acordeón, la tambora y güira música
típica que celebró la dominicanidad y las raíces del Cibao.
Al momento de presentarse las Pioneras Chicas del Can, Belkys Concepción
y Teresa Domínguez (Juana La Cubana), de entre el público, una escena captó la
atención: una fanática levantaba orgullosamente
dos carátulas de vinilos de los años dorados de Las Chicas del Can.
Con rapidez, la fan se abrió paso entre los presentes para acercar a Belkis
Concepción su colección musical.
Uno de
los momentos más electrizantes de la noche llegó con la aparición de Juana la Cubana, la mítica güirera
cuya energía ha trascendido generaciones. Con su inseparable güira en mano,
inició un juego rítmico que hizo vibrar la tarima y contagió a todos con sus
movimientos cadenciosos, precisos y llenos de carácter. Mientras sonaban los
acordes de la canción dedicada a ella, convertida en un éxito que marcó una era,
Juana avanzó al frente del escenario entre ovaciones. La audiencia se puso de
pie de inmediato, coreando cada estrofa y celebrando a la mujer que, con su
estilo único y su presencia magnética, se convirtió en símbolo indiscutible del
merengue femenino.
Con el
público de pies, las luces encendidas y las últimas llamaradas elevándose desde
los extremos del escenario, la agrupación se preparó, para cerrar el despliegue
de sus grandes éxitos. En un gesto cargado de emoción, las diferentes
generaciones participantes subieron juntas a la tarima y cantaron en un
ambiente de complicidad, respeto mutuo y celebración femenina un popurrí
navideño, entre confeti de colores y la algarabía del público.