domingo, 19 de abril de 2020

Así estamos por el Coronavirus


Por: Nayadira Agramonte


Seis y 30 de la mañana y el sonido de la alarma me avisa que debo salir de mi burbuja protectora. Dejar el lugar más seguro, ese que siempre ha sido nuestra casa. Cierro mis ojos y suspiro, llenos mis pulmones del aire que no da miedo.

Salgo a la calle con un nudo en la garganta y con la esperanza de que el coronavirus me ande lejos.  La respiración se me corta, la mascarilla me molesta, el gorro me da calor, la chaqueta me incomoda y los necesarios guantes se acomodan entre mis dedos y el sudor que la situación genera.

Huelo el temor en las calles, parecen un pueblo de las películas del Viejo Oeste norteamericano, casi nula circulación vehicular, motoconcheros con máscaras, lentes, cascos protectores y cualquier otro dispositivo que le provea la protección ante el invisible, pero peligroso virus.

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Hoy el jabón es el Chapulín colorado y la higiene, esa de la que los médicos y nuestros padres siempre nos decían que era importante, hoy es vital. Alcohol, manitas limpias, desinfectante en atomizador todo suma…todo importa, nada es mucho para este virus que ha acabado con la vida de tantos.

Llego al supermercado y por madrugar logro entrar prácticamente con los empleados, los cajeros se sorprenden al verme, eso me complace porque me da la seguridad que el distanciamiento social será fácil.

Busco productos que no hay, en su lugar espacios vacíos. Los empleados se enfocan en informar y requerir el distanciamiento, letreros indicado no tocar los cristales, mantenerse en las líneas marcadas en el piso. Cada medida implementada me confirma que el mundo cambió, que nos robaron la cercanía, el calor de un buen abrazo, el saludo de besos, el apretarnos las manos y el darnos palmadas.

Hablamos con mascarillas, no nos tocamos, la interacción es más que nunca a través de las redes sociales, las aplicaciones y las llamadas telefónicas. Pero, a pesar de eso, seguimos aconsejándonos, preocupándonos por el otro, orando por el enfermo y por quien ha perdido su familiar, sobre todo soñando con cuando todo esto pase y volvamos a las calles a retomar lo que dejamos dandole su valor justo. Sigamos esperanzados.