sábado, 3 de abril de 2010

Desde mi teclado: Viernes Santo distinto

Por: Nayadira Agramonte
Periodista

Temprano me levante a recoger regueros en este viernes santo. Viernes que iniciándose era tan frio y gris, que negaba totalmente la cuaresma a la que estamos acostumbrados. Abrí el cristal del balcón y una brisa fina, sutil y delicada me envolvió y enfrió mi esqueleto, aseverando lo diferente que seria.

No escuche, como otros días, aparatos de radio sonando la bachata mas pegada. Ni tampoco el parlante del camioncito busca moro que llama a comprar agua. Hoy es distinto.

Todo es paz. Estoy sola, sola despierta, todos duermen. Recojo todo y guardo en un bulto lo que necesitare en casa de mis padres, pero hoy es distinto.

Viernes santo que dejó escapar el olor a bacalao hervido, el sonido de la licuadora con las habichuelas, el aroma a guandules verdes y el sofrito de las torrejas, aun así es distinto.

No oía el sonido veloz y escandaloso de los motores transitando por la Caonabo. Eran escasos los niños jugando en el parqueo a la pelota. No escuchaba ni siquiera rezar.

Viernes santo que aun no me sabes a él.

Recuerdo de niña la insistencia de mamí para que no hiciéramos ruido, para que no peleáramos. También me acuerdo de sus ayunos y levantadas muda hasta el medio día. Me viene a la mente su afán por dejar todo lo que pudiera romper con el silencio luctuoso que había que guarda porque en “viernes santos crucifican a Jesús”.

Aun escucho sonar las melodías sacras que se extendían hasta el domingo de resurrección, y una insistente voz recordando la cadena semana santa mil novecientos y tantos…

Después de ese ataque de melancolía, entre “levántense” logré hacer que todos se pusieran a mi ritmo y salir de la casa casi a las 12 del medio día, muy a pesar de mi promesa “vengo temprano”

En el camino todos los negocios cerrados, no había nadie laborando, me trajo a la mente la fabula de nuestra cultura, aquella de dice que el buey le hablo a su dueño por haberlo puesto a trabajar en viernes santo.

En la bifurcación de la Caonabo que permite ir hacia Villa Tapia y a Tenares ahí los siempre dispuestos a regalar sus horas de descanso y su servicio, los voluntarios de la Defensa Civil, pendientes de alertar y haciendo señales para recordar el encendido de las luces del vehículo. Me fijo en el que está en la isleta y comento que deben estar agradecidos por el día nublado, pues su buena cara y animo no estuvieran presentes.

Al cruzar por la catedral Santa Ana, vi mucha gente en un silencio que lastimaba. Silencio que reflejaba el más fuerte de los duelos. Aquello era en verdad una adoración al santísimo.

Sigo en el jeep dejando que el sol tímido y la brisa, que ya era fresca, me envolvieran y abrazaran mi torso y besaran un lado de mi cara.

Los cruzrojistas frente a su local, atentos me imagino…

Así del lado derecho de Jose, continuo recorriendo las calles de esta ciudad y en cada una de ellas menos gente transitando.

Pasamos por la parroquia Nuestra Señora de Fátima y es igual: muchos congregados adorando, en el ya medio día del viernes santo, me dan deseos de acompañarlos, pero me esperan...

Por fin en mi casa, ahí donde me recosté tantas veces, donde diseñe mi vida, donde soñé y viví tantos años. Me abren la puerta me besan, abrazan y recibo la bendición de mis padres. Ellos tan sacrificados.

A la cocina, a ver lo que mami ha podido hacer. Me rio, ahora me toca hacer de los olores percibidos, por la ventana de mi cocina, platos para comer. Comida de viernes santo el menú dominicano tradicional: arroz blanco, bacalao, guandules, espaguetis, torrejas, ensalada verde, por suerte el postre ya listo: habichuelas con dulce y aun así este viernes es diferente.

No siento en los jóvenes y los ya no tan jóvenes el recogimiento. No se expresa en la mayoría, de la generación que heredará esta tradición cristiana el más mínimo respeto. No les interesa, no la quieren, no la asimilan y lo que es peor no la van a traspasar, por eso hoy es distinto.

Es distinto porque solo piensan en vacacionar, beber, playar y todo eso que no forma parte de la semana santa.

Semana santa es para meditar. Para recordar el acto de amor más grande que hubo por la humanidad. Semana santa es Jesús y su amor infinito. Semana Santa es reflexión, cambio de vida y amor, por esto hoy es distinto.

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